Reflexiones sobre la pandemia del coronavirus.

Sería terrible opinar, que la forma en que están ocurriendo los eventos relacionados a la pandemia del coronavirus, nos agarraron por sorpresa. Si bien el flujo de información es basto, y ahora las opiniones y análisis (como este que comparto querido lector) abundan; habría que voltear a ver hacia el pasado y comprender que conceptos vitales como la globalización, las tecnologías de la información y la participación ciudadana, han estado presentes durante estos recientes días en cada una de las situaciones que nos han conducido aquí o a las que hemos tenido que reaccionar. Estos conceptos, que a su vez, desgraciadamente son utilizados por personas con poder, como discursos y no realidades, son los que debemos poner en la mesa del debate de inmediato sino queremos padecer lo que estamos padeciendo, como humanidad, ante esta emergencia.

La inefabilidad de que, en un mercado público chino, perdón, en un puesto de comida chino, disculpen, en un platillo chino a base de murciélago, se haya cocinado días después la caída brutal en las bolsas mundiales y los precios del petróleo, hacen clara la postura de que el comercio internacional, la migración y las finanzas globalizadas son las partes tangibles de lo que llamamos hoy globalización. Una idea, que aún no dominamos y que en ocasiones parece atemorizante y amarga, ya que las partes aún son dispares, aleatorias y salvajes. Los países aún pelean por tener un control estricto de la migración internacional, pero realizan esfuerzos mínimos por organizar el comercio internacional, todo esto mientras que la regulación de las finanzas es prácticamente inexistente, provocando así, un plato tan dañino como el del murciélago referido anteriormente.

Entre más pronto comprendamos que el agua seguirá helada hasta que todos nos bañemos juntos dentro, es una de las prioridades de los individuos de las naciones. La globalización existe y la lucha no debe ser en contra de ella, sino dentro de ella; a un enemigo, si así deben catalogarla algunos, hay que conocerlo perfectamente antes de poder dar batalla. Si nuestra respuesta siempre es huir de él, cedemos terreno y tarde o temprano nos hallaremos sin lugar para correr, justo como acaba de ocurrir.

Los argumentos nacionalistas siempre son orgullosos y románticos, pero confunden una realidad con un cuento de cama para niños. Es aquí, donde el ciudadano debe demostrar que ha pasado de la puerilidad del cuento a la madurez de la realidad. Nadie quiere que desaparezca su cultura y comúnmente terminamos corriendo despavoridos de cualquier cosa que pudiese sonar a transitar en nuevas arenas y no en la casa propia. El problema es que la cultura en lo global solamente constituye un traje bonito y vistoso para cada actor.

Asimismo, esta temerosa huída a la novedad de un entendimiento global de los diversos asuntos humanos, también abona para que, de nuevo fletados, huyamos de los beneficios de la era que estamos viviendo: la era digital. Inclusive, me arriesgo a afirmar, sin techo de duda, que las tecnologías de la información están contribuyendo a mitigar la emergencia actual. Ideas como el trabajo remoto, son el remanso donde grandes compañías, como Google o Microsoft, están descargando su quehacer diario. En los gobiernos de Italia y Francia, se están aplicando medidas para que trámites, urgentes como el de registro ante el organismo de seguridad social, presenciales, se puedan realizar desde un ordenador. Medidas que han sido el pan nuestro de cada día de los que nos dedicamos al establecimiento de gobiernos electrónicos.

Por todo esto, no quiero dejar de preguntarme ¿Era necesario lo que ha ocurrido? ¿No podíamos haber entendido que podíamos trabajar remotamente sin la necesidad de una pandemia? ¿Era imposible, como gobiernos, hacer el esfuerzo para impedir que los ciudadanos sufran la burocracia presencial a diario o la falta de coordinación entre administraciones?

Es más, retomo con un par de preguntas ¿Porqué el ciudadano esperó tanto para exigir las mejores condiciones de sus empleadores o gobiernos? ¿Porqué el ciudadano esperó tanto para participar en la conversación mundial existente? Y es que la participación ciudadana activa, en este amargo trago, también se esta constituyendo como una reacción positiva a raíz de la pandemia. De repente, todos hemos consultado el portal de la organización mundial de la salud y todos estamos atentos a las noticias de otras partes del mundo. En ocasiones, es incluso hasta electrizante ver cómo en tan poco tiempo nos hemos organizado y que tan rápido hemos adoptado medidas como no saludar de mano.

Qué momento estamos viviendo como humanidad. ¿Bastará para darnos cuenta que estamos conectados? ¿Será suficiente para que participemos? ¿Lograremos atacar problemas aún más graves que la pandemia del coronavirus, como lo es el cambio climático? Siempre hemos podido, nunca hemos querido. Al parecer, han tenido que ponernos una pistola en la sien, disculpen, un murciélago en el cuello para que dejáramos de, como dice mi mamá, “hacernos el tío lolo”.

Las acciones globalizadas de los países, la participación activa de los ciudadanos en comunicarse y organizarse, así como las tecnologías de la información y comunicaciones, están probando ser el mejor factor de solución ante esta emergencia. Lo triste, es que esto ocurre hasta ahora que se presenta este terrible escenario; eso sí, es un hecho que ya lo sabíamos, que ya lo sabían, y que se los dijimos.