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Locuras y otras ventajas de este el 2010.

Este 2010 que comienza a timbal batiente, redoblando esfuerzos, en medio de sangre de ejecuciones y de cursilerías nacionalistas, será, para nuestro país, un año de auto lisonja. Los mexicanos no estamos preparados para aceptar lo ramplones que hemos sido en muchas áreas. El machismo, nuestra costumbre nacional, nos lo impide. Los héroes serán recordados pero sobretodo seguiremos auto infringiéndonos el castigo que nos tiene así, basándonos en sus mitos y leyendas, muchos de los cuales no son ciertos. Sin darnos cuenta que somos irresponsables al querer imponer algunas ideas de hace 200 años que simplemente hoy no tienen casa. No habrá reflexión pero si fiestas por el bicentenario. Nuevas bromas, nuevos programas, nuevos acuerdos con los mismos resultados.

Una nueva década, con una bicentenaria excusa, para tabicarnos al mundo. Para odiar más a los gringos y a todo aquello que no huela a tamales y frijoles. Una nueva oportunidad para reírnos de los colegiados internacionales y de su experiencia. ¿Qué saben ellos si no aman tanto a México como nosotros? Cómo diría Carlos Puig: un pretexto para darle una animadita más a la xenofobia. Nos reiremos de los negros en el mundial con los chistes de los comediantes. No habrá la oportunidad de vaciar el vaso de nuestro conocimiento para dejar entrar nuevas ideas. No, en nuestro México, el vaso se derrama entre gotas de tequila y mezcal ahogados en un grito de ¡Viva México Cabrones!

¿Y en Tabasco? El gobierno seguirá su trabajo, si así lo podemos llamar. Seguirá cumpliendo su papel de malo de la película. Pero ellos no me preocupan, ya los conozco y conozco sus limitaciones. Me preocupan los que pueden hacer algo y que a mansalva toman posiciones encontradas. Me preocupa los que militan en partidos en los que no creen y salen a los medios a defenderse de complots autoimpuestos para alimentar la farsa de su permanencia. Sobre estos yace la verdadera preocupación. Tabasqueños que piensan que aventando fajos de billetes resuelven su carente capacidad para resolver los problemas de nuestro estado. Políticos tabasqueños, en buen número, que seguirán volando en la brisa de la frivolidad hueca, pero eso sí con aspiraciones a la gubernatura. Hombres y mujeres que seguirán ocupando las primeras planas de los medios tabasqueños que no son más que mercachifles de conciencias y de necesidades. Sólo así entiendo que ocupen secciones enteras de periódicos y revistas tales personajes. ¿Quién, entre la oposición, levantará la mano para poner las cartas sobre la mesa? Y si así lo hace alguien, ¿seremos tan visionarios los tabasqueños, como para seguirlo?

Necesitaría cientos de hojas para explicar mis temores. Mi miedo a que los tabasqueños no dejemos a un lado el deporte estatal de la grilla y en verdad nos pongamos a trabajar. Mi esperanza porque los que están en posiciones preeminentes hagan un análisis fiel de nuestra situación y se pongan a discutir, construir e implementar soluciones y cambios necesarios para los cientos de miles en estrechez. Tabasqueños al borde del suicidio, sin educación de calidad, sin empleo y víctimas de la inseguridad y la prepotencia de los que deberían cuidarlos. Círculos empresariales emparedados que lo único que hacen es seguir chupando la teta de la choca que cada día está más flaca. Empresarios ciegos a la realidad circundante. Jóvenes que en vez de poner su grano de cambio terminan por ahogarlo en medio de imberbes impulsos desatados. Este 2010 debe ser motivo para tener los pantalones de vernos en ese espejo que nada oculta y cambiar nuestra historia. No quiero pensar que sigamos eligiendo y confiándole nuestro estado a los simpáticos que nos inundan o a los arraigados que nos desvalijan. Ahora es cuando tabasqueño. Ahora es cuando arranca el camino hacia un mejor Tabasco.

Enero 3 de 2010.